lunes, 19 de enero de 2015

Tormenta

Hoy siento que debo escribirte por el dolor.
Ojalá alguien entienda algún día lo que significó para el mar perder su Luna. Ojalá alguien te viera y te dijera lo bonita que estás con tu falda color gris y tus tacones tan negros como tu luz, tan despeinada tomando el café de cada día. Ojalá alguien entendiera que la tormenta de fuera no se complementa con tus sentimientos, que eres tú la que debería estar cayendo entre gotas, rayos y truenos desde el cielo al que alguien algún día te alzó. Con alas, extendidas de par en par, como las cortinas de aquella mañana después de follar toda la noche. Las que nunca más se abrieron. Las sábanas que no se mojaron más de tu sudor. Ahora se mojan, pero de  lágrimas. Ojalá alguien algún día entendiera que ya no sientes la lluvia, que sólo te moja. Ojalá alguien algún día entendiera que mojarte bajo la tormenta ya no limpia tus heridas, sólo te corre el rímel que ya no te pones.
Y qué jodida la vida.
Y qué jodidos los que te entienden.
Ojalá alguien algún día entendiera que, lo único que puede calentarte ahora, es el vapor del café derramado sobre tu falda. Y tu fría tormenta. Ojalá alguien algún día entienda que, por más que te levantes cada día, las olas no serán las mismas, si su Luna no aparece otra vez en tu cielo.

Pero qué sabrán los demás de mojarse, si no te han visto llover. Sin sus brazos.


Escrito por mi, publicado también en "Antología Tormentas" por Sab Sognatore.

viernes, 16 de enero de 2015

Carta del 1947

«¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida.
Siento que desde nuestro lugar de origen hemos estado juntos, que somos de la misma materia, de las mismas ondas, que llevamos dentro el mismo sentido. Tu ser entero, tu genio y tu humildad prodigiosas son incomparables y enriqueces la vida; dentro de tu mundo extraordinario, lo que yo te ofrezco es solamente una verdad más que tú recibes y que acariciará siempre lo más hondo de ti mismo. Gracias por recibirlo, gracias porque vives, porque ayer me dejaste tocar tu luz más íntima y porque dijiste con tu voz y tus ojos lo que yo esperaba toda mi vida.»

Carta de Frida Kahlo a Diego Rivera escrita en Noviembre de 1947.