miércoles, 27 de mayo de 2015

Subliminal

Me gustaría poder escribir algo, pero como no vienes a pisarme un poco la cama, tengo que sacar de las sábanas vacías algún rastro de lo que dejaste la última vez que te sintieron.
Pero mírate. Quiero que me hagas caso alguna vez en tu vida. Mira la manera en la que tu pie derecho adelanta tu pie izquierdo... Quiero que te des cuenta de que eres el único de todo el universo que no se ha parado a mirarte.
El universo, que fue el segundo en pararse a ganar el tiempo observándote, no brilla tanto como tu mirada. Es que ni las nebulosas pintan y esclarecen tan bien a tu lado.
Quería poder pararme simplemente a asimilar lo misterioso de tus besos, pero me caí por tus labios. Me empujaron por el precipicio interminable de tus comisuras, y me es imposible volver. A dejar de besarte.

Déjame decirte una última cosa: solo hay una única manera de suspirarte, pero en este universo no existe.

lunes, 16 de marzo de 2015

Estaciones

Aun sin saber exactamente en qué momento pasa el tren de las estaciones del año, soy capaz de saberlo con sólo verle caminar. Es ahí, justo por el suelo que pisa, por donde aparecen las flores de la primavera, y la alergia de los demás no-enamorados. Es justo ahí, justo donde posa sus manos en la barandilla de las escaleras, donde las prisas traen el verano,
y el calor en el estrecho donde nuestros cuerpos se unen.
Como las hojas caídas del otoño, sus pestañas, pequeñas informadoras,
perdidas
vuelan con ganas de encontrarse entre las sábanas de una noche fría de invierno.
Ojalá pedirles el deseo de no doler tanto los kilómetros. Y soplar. Y aparecer volando entre nubes. Con alas. Las suyas. Y no ver más que el cielo del suelo de todos aquellos que nos envidian.
Pero cuidado.
Cualquier parecido con su mirada es mera coincidencia con el cielo que pisamos.

lunes, 23 de febrero de 2015

Ese instante infinito

Le he pillado mirándome. Y no es que hubiéramos pasado la noche juntos, dormimos en camas separadas.
Esta mañana me desperté de repente, y no por casualidad ni por ninguna causa. Fue un plás, sin más. Pero no es eso lo realmente especial.
No abro mis ojos totalmente, miro a través de mis pestañas para que no se dé cuenta de que le he pillado parado a unos 40 centímetros de mi cama. Y, de repente, sucede: el cielo se me cae encima mientras se produce una explosión de luz inmensa, se me tira encima dándome un beso y ese instante duró toda la eternidad. Flotábamos lejos del suelo y nos convertimos en un cielo lleno de explosiones de luz y color. No quiero que nadie me salve, no necesitamos paracaídas. Tenemos alas para volar.

lunes, 19 de enero de 2015

Tormenta

Hoy siento que debo escribirte por el dolor.
Ojalá alguien entienda algún día lo que significó para el mar perder su Luna. Ojalá alguien te viera y te dijera lo bonita que estás con tu falda color gris y tus tacones tan negros como tu luz, tan despeinada tomando el café de cada día. Ojalá alguien entendiera que la tormenta de fuera no se complementa con tus sentimientos, que eres tú la que debería estar cayendo entre gotas, rayos y truenos desde el cielo al que alguien algún día te alzó. Con alas, extendidas de par en par, como las cortinas de aquella mañana después de follar toda la noche. Las que nunca más se abrieron. Las sábanas que no se mojaron más de tu sudor. Ahora se mojan, pero de  lágrimas. Ojalá alguien algún día entendiera que ya no sientes la lluvia, que sólo te moja. Ojalá alguien algún día entendiera que mojarte bajo la tormenta ya no limpia tus heridas, sólo te corre el rímel que ya no te pones.
Y qué jodida la vida.
Y qué jodidos los que te entienden.
Ojalá alguien algún día entendiera que, lo único que puede calentarte ahora, es el vapor del café derramado sobre tu falda. Y tu fría tormenta. Ojalá alguien algún día entienda que, por más que te levantes cada día, las olas no serán las mismas, si su Luna no aparece otra vez en tu cielo.

Pero qué sabrán los demás de mojarse, si no te han visto llover. Sin sus brazos.


Escrito por mi, publicado también en "Antología Tormentas" por Sab Sognatore.

viernes, 16 de enero de 2015

Carta del 1947

«¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida.
Siento que desde nuestro lugar de origen hemos estado juntos, que somos de la misma materia, de las mismas ondas, que llevamos dentro el mismo sentido. Tu ser entero, tu genio y tu humildad prodigiosas son incomparables y enriqueces la vida; dentro de tu mundo extraordinario, lo que yo te ofrezco es solamente una verdad más que tú recibes y que acariciará siempre lo más hondo de ti mismo. Gracias por recibirlo, gracias porque vives, porque ayer me dejaste tocar tu luz más íntima y porque dijiste con tu voz y tus ojos lo que yo esperaba toda mi vida.»

Carta de Frida Kahlo a Diego Rivera escrita en Noviembre de 1947.