jueves, 28 de marzo de 2013

La historia de mi vida


Mi papel en mi historia es dejar un espacio en la primera línea de cada párrafo y espacios considerables en los extremos de cada hoja. Teniendo buena caligrafía y escribir como he ido aprendiendo con el paso de los años. Aprendiendo de cada error gramatical cometido y de cada error que cometeré a lo largo de mi historia. Asimilando los cambios, y con un poco de música de fondo y café para llevar un poco mejor eso de vivir algo corto e intenso, para poder recordarlo en cada palabra, hasta el punto y seguido y en cada párrafo, hasta el final y el principio de cada capítulo.
Y no es cuestión de pasar página, ni de dejar alguna en blanco, ni mucho menos es cuestión de cambiar de libro y empezar otro nuevo. Es cuestión de asimilar la historia tal y como fue, tal y como es y tal y como será. Además, ¿de dónde se puede sacar otro libro? Si sólo nacemos con uno bajo el brazo y somos nosotros los que compramos el  bolígrafo, aprendemos a usarlo y decidimos cómo empezar a escribir nuestra historia.
Yo decidí empezarla desde el principio y no me arrepiento de ninguna palabra escrita. Sobre todo si algún día apareces tú de repente, al principio de una oración para no acabar nunca en cada capítulo.

miércoles, 20 de marzo de 2013

El mayor perdedor







Perdedor. Llevas las de perder incluso antes de intentarlo. Lo sabes porque son tantas las veces que fallaste, que ya crees que es algo rutinario, de todos los días.
No entiendes cómo no te sientes harto de ilusiones perdidas, de expectativas tiradas por el suelo, del puto miedo al fracaso, de todo lo que no consigues. Supones que es la costumbre de llevar siempre una sonrisa, mientras que en tu interior miras hacia el cielo y tragas sintiendo un nudo en la garganta. Sientes cómo te queman los ojos, pero te aguantas y levantas la cabeza mostrando tu mejor sonrisa a los demás.
Porque es la rutina de sentirte el mayor perdedor de la historia de tus días.

sábado, 16 de marzo de 2013

El ignorante inquieto





– ¿Sabes? Sé cómo son las personas por sus gustos.
– ¿En serio? ¿Y cómo lo haces?
– Me suelo fijar en el "por qué", en sus razones.
– No entiendo...
– Mira, por ejemplo: tú... ¿Nunca te has preguntado por qué te gusta tanto viajar?
– Supongo... que porque me gustan otros lugares.
– Puede ser, pero desde otros puntos de vista se puede ver de otra manera. Viajas porque no encuentras tu sitio. Sin darte cuenta, buscas tu propio lugar, tu esencia. No te sientes de aquí, no te sientes de ninguna parte. Hace tiempo que te sientes de otro lugar, necesitas encontrar ese lugar para encontrarte a ti mismo. Yo lo llamo "el ignorante inquieto".
– ¿Por qué?
– Buscas algo, sin darte cuenta de lo que buscas.

domingo, 3 de marzo de 2013

No quieras entenderme...




Te quedas pensando y te encuentras perdido,
intentando escapar.
No sabes lo que quieres, ni quien eres,
no te sientes como uno más.
Sólo ves esa oscuridad y el dolor que la intenta llenar.
Sólo sientes tus gritos ahogados que no salen al exterior,
Lágrimas vacías, llenas de dolor.
Eres el completo desconocido que no quieres conocer
vas con cuidado y no haces más que caer.

Soledad que acompaña, gritos en silencio, 
días nublados y un completo estúpido incapaz de ver.

viernes, 1 de marzo de 2013

Suspiros



Según he leído por ahí, “un suspiro es el aire que te sobra por la persona que te falta”. Yo no sé si será verdad, pero esto de no verle me está costando muchos suspiros, hasta el punto de no poder canjearlos por el oxígeno que me falta. Es inaguantable.
Los copos de nieve caían sin rumbo fijo. Todos caían en un lugar común. El suelo ya estaba bañado en el color de los jazmines, sus flores favoritas. Sentí uno en mi rostro. No tenía rumbo fijo, caminaba por caminar. Fuese el lugar que fuese, sabía que cualquier camino que tomase me llevaría hacia su casa. Tonto de mí, para qué habría salido aquella noche tan fría que hasta al aliento congelaba. Tonto de mí, al tomar el camino hacia su casa.
Sentí mi bolsillo vibrar. Cogí el móvil y en la pantalla se reflejaba su nombre. “Te echo de menos.” decía el mensaje.
Asómate al balcón.” le respondí.