viernes, 27 de diciembre de 2013

Enamorado de ti a constelaciones

Hoy miré al cielo desde mi ventana y me di cuenta de que las estrellas no brillaban como antes. Había algo, un cambio, que había hecho que todo fuera de otra manera.
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Tú eres ese cambio. Tú eres quien abruma cada poro de mi piel, eres tú quien ilumina hasta el vacío más oscuro de mi existencia. Tú y tu mirada. Había sido la llegada de tu mirada que lo había cambiado todo, ¿sabes? Y es por eso por lo que me parecía que las estrellas brillaban menos.
Y no te voy a engañar… me acojona la idea de no saber, ni poder, explicar todo esto que me haces sentir. Supongo que es eso lo que pasa cuando el amor llama a la puerta de tu corazón, entra, cierra la puerta, desordena todo, y se queda ahí. Supongo que es eso lo que pasa cuando caminas por las calles de Madrid sin darte cuenta de que tus pasos los siento en lo más profundo de mi ser, que me tienes enamorado.
Me enamoré de ti cuando recorrí en pocos segundos casi el andén entero corriendo para abrazarte, porque sentía cómo el imán de tus labios necesitaba con urgencia la atracción con los míos. Me enamoré de ti cuando miraba tu manera de caminar por las calles con nuestras manos juntas, me enamoré de cómo tus pies acariciaban el suelo que pisaban. Me enamoré de ti cuando me di cuenta de que cada pestaña de tus ojos orbitaban alrededor de mi mirada, acercándose cada vez más al centro de mi Sistema Solar, queriendo morir entrecerradas. Me enamoré de ti y de tus pestañas, porque sabían que la única manera de resucitar es a través de un orgasmo, y tú tienes el máster al mejor soldado que se esconde bajo las sábanas. Me enamoré de ti porque contigo aprendí a diferenciar las mismas palabras sólo por una mayúscula: tu espalda. Porque no es lo mismo la palabra “amor” que “tú, Amor”, porque sólo existe un único Amor en este planeta, y ese eres tú durmiendo al otro lado de mi cama.
Nunca me voy a olvidar de tu risa y tu sonrisa pidiéndome un beso más antes de dormir. Nunca me voy a olvidar de la constelación que recorrí a besos en tu espalda, ni de tus ojos buscando algo en mi cara, cual pirata busca un tesoro en una isla perdida. Y perdido estoy yo en el mar de tu mirada. Porque voy a tener que ponerte una puta orden de acercamiento que te prohíba estar a más de 4 milímetros de mis labios. Y si no cumples esa ley, tendré que encerrarte en mi corazón bajo llave.
Me enamoré de ti… pero eso no es lo extraño. Lo extraño sería que los demás no se enamoraran de ti cuando leen lo que te escribo. Que sí, que estoy enamorado de ti, porque no importa lo que tengamos que viajar, cuando lo hagamos juntos siempre.

Estoy deseando volver a verte y besarte.


sábado, 14 de septiembre de 2013

Perdona, pero te quiero

Justo en este momento suena la canción más bonita y agridulce del soundtrack de mi vida, y algo me dice que será la canción más larga del mundo. No te quiero mentir, se me parte el pecho al escribirte esto. Así que si quieres, ven, pasa, y tras cerrar la puerta, no te vayas nunca jamás.
Ojalá algún día no tuviéramos que volver a pasar por esto.
Te levantas sobresaltado, sólo como tú y tu esencia puede hacerlo. Sí, esa esencia que me tiene enamorado.
Déjame decirte que te quiero. Déjame decírtelo al levantarte, al refregarte los ojos, como si no me tuviera enamorado la forma en que te mueves.
Te quiero un 30, te quiero tiempo antes de ese día, te quiero sin saber desde cuándo. Te quiero en febrero. Te quiero un 4 correspondido. Te quiero de noche bajo las sábanas, te quiero de buenos días en la mañana. Te quiero a mi lado, te quiero de la manita, de lado a lado, de pies a cabeza,
encima… debajo.
Te quiero por primera vez un 14 de agosto a pies descalzos en la arena, te quiero bajo las estrellas escuchando el mar.
Ojalá pudiera hacértelo notar… Si por un instante fueras yo en ese momento, lo entenderías. Si pudieras estar bajo mi piel, si pudieras verte bajo mi mirada, si sintieras el tacto de tu piel cuando me acaricias… sólo si pudieras estar en mi lugar en ese momento, entenderías que me tienes perdidamente enamorado.
Yo sólo quiero respirar el oxígeno de tu boca.
Ojalá algún día no tuviéramos que volver a pasar por esto.
Es otra de las mañanas nuestras y llueve. Llueve en nuestro interior, llueve y limpio con mis dedos las lágrimas que caen por el precipicio de tus ojos. Ese precipicio por el que nunca llego a caer…
Llueve aun amaneciendo, mojando las agujas del reloj que nos tiene pendientes del tiempo. El tiempo… ojalá se hubiera parado apenas unos días atrás en la misma estación y en el mismo andén donde te abracé y te besé por primera vez. Habían sido tus ojos recorriendo cada parte de mí instantes antes de tus besos. Habían sido tus besos a oscuras a la luz de tu mirada, a escondidas, en cualquier parte de la ciudad, tus besos robados, inesperados. Habían sido tus caricias en mi piel, el roce de tus dedos los que ardían a temperaturas altas en mi corazón. Habían sido tus piernas entrelazadas con las mías, tus abrazos y tus besos en el cuello. Había sido tu mirada acompañada con la sonrisa más envidiada por los poemas más bonitos del mundo.
Yo sólo sé que todo lo que habíamos vivido se notaba en cada una de tus muecas, en cómo levantabas la vista hacia el reloj o en cómo mirabas a lo lejos esperando el tren (o deseando que no llegara) que te llevaría lejos de mis brazos. Luego me miras a mí, y casi caigo por el precipicio de tus ojos.
Y no sé. Todavía no sé ni entiendo qué habrás visto en mí y mis manías, pero sólo te pido que no pares de mirarme. No te imaginas lo que una mirada enamorada puede hacer a un corazón destrozado. Y tú me curas. Curas incluso esa mirada tuya que, a una milésima de segundo antes de entrar al tren, marcó las cicatrices de guerra más grandes que la distancia nunca le ha declarado a nadie.
El tren… Qué ganas tengo de cogerlo y que me vuelva a llevar entre tus brazos. Qué ganas de volver a dormir contigo, de volver a besarte y no dormirme por las noches sólo para verte a ti dormir. Esa imagen… ésa: tú soñando y hablando en mitad de la noche, se ha convertido en la página marcada y más subrayada de mi libro favorito. Y te lo juro, tienes la espalda más beseada que puede existir en este puto planeta.
Pero te perdono. Te perdono aun siendo Madrid la culpable de no tenerte a mi lado. Te perdono por ser quien salta conmigo al vacío que alimenta mis ganas de quererte. Por tu cuello, otro de los precipicios que tiene tu cuerpo, con la gran diferencia de que por éste sí quiero tirarme, y volver a caer en el abismo.
Pero al fin y al cabo ya estabas perdonado.
Al fin y al cabo no dejo de quererte, y no dejaré de verte.


Al fin y al cabo… al fin y acabado.

viernes, 30 de agosto de 2013

Al mejor mago del mundo.

Esta nueva entrada la he publicado en Facebook por el motivo de
promocionar la página del blog, espero que la disfruten. ¡Un saludo y gracias!
Click en la imagen:
Al mejor mago del mundo

viernes, 2 de agosto de 2013

Con un poco de su tinta en mi corazón


Quiero contarte la historia de cómo caí por el precipicio de sus labios. Y de cómo mis dedos se perdieron caminando por su espalda. Y de los temblores que me producen sus caricias. Y de cómo su mirada me desvestía el alma. Y cómo me perdí entre sus pestañas. Quiero contarte el escalofrío que me provoca el sonido que florece como resultado de sus cuerdas vocales, y el sofoco que siento cuando su calor corporal es adyacente al mío. O cuando las buenas noches deseadas son sobras de noches a su lado; y es cierto eso de que a su lado son buenas noches, porque lo siento, Amor, siento ser tan redundante en estos temas. Valga la redundancia...

Quiero contarte la historia de cómo sus besos consiguieron cambiar el rumbo de mi vida, pero vas a tener que aguantarte, porque lamento decirte que todavía no hay diccionarios que contengan palabras suficientes para poder relatarte la inmensidad que su tinta en mi corazón escribió lo que me hizo sentir su mirada.

miércoles, 24 de julio de 2013

«Lo que no podemos decirnos.»

– Quiero confesarte algo, amor. Antes de encontrarte, siempre escuché palabras de odio hacia la posesión. Ya sabes, cosas como “Nunca quiero ser de nadie, porque eso sería sentirse atado a una persona.”, o “Sería como ahogarse en un mar en el que vas hundiéndote poco a poco…”, o “Yo necesito mi propio espacio, no sé si podré compartirlo con nadie más.”. Cosas de las que, aunque yo nunca tuve la más mínima idea de lo que es sentirse de alguien, sentía que no eran ciertas. Nunca estuve de acuerdo, no tenían razón, porque no hay nada más jodidamente bonito que decirle eso a alguien, y que ese alguien te lo diga a ti.
– No hay nada más jodidamente bonito que sentirte atado a esa persona que tanto te ha cambiado la vida, que tanto te hace feliz, que tanto lucha contigo día a día, que tanto te hace sentir, que tanto te llena el corazón, con la que tanta confianza tienes, con la que tienes frases que sólo tú y esa persona podrían entender, esa persona con la que quieres compartirlo todo… El orgullo de uno mismo queda por el suelo cuando alguien te tiene así de enamorado, ¿sabes? Porque no hay nada más importante que todo ese puto amor que sientes por esa persona, y yo… Yo te tengo a ti, y tú me tienes jodidamente enamorado de la vida, no sé si sabes de lo que hablo.

– “Lo que no podemos decirnos…”.

sábado, 29 de junio de 2013

Inmensidad revolucionaria


Tengo contadas las estrellas del cielo y te lo juro, no se comparan a la inmensidad de tu mirada. Y hay algo que se esconde en ella, y a mi me encanta jugar a las escondidas.
Te disfrazas de Peter Pan por el día, pero al caer la noche te queda grande la vida y todo se nos viene encima.
Hablan de revoluciones cuando no saben lo que quiero hacerte bajo las sábanas. Es la guerra entre mis dedos y tu espalda, porque «no hay guerra buena ni paz mala», sino un tratado de paz con tu mirada.
Se me cae la poca cordura que me queda y a ti la poca vergüenza de quitarme el sueño por las noches, porque «no hay mal que por bien no venga» y tú me vienes demasiado bien para no poder dormir bajo tus sábanas.


Twitter: @Obliviado

viernes, 21 de junio de 2013

Una vida descafeinada

– Tráigame un café frío y sin azúcar. Sí, que bastante he tenido que soportar el sabor amargo y frío de la vida.
Tengo miles de momentos que pintarle en esta servilleta de papel que a saber en qué papelera caerá cuando el camarero limpie la mesa. Pintarle, por ejemplo, el sonido armónico de la decepción, o la mirada caída del dolor, las espinas de esta engañosa rosa de vida. Pintarle, por ejemplo, la letra de la canción que le escribí alguna vez y que todavía sigue sonando cada acorde en mi corazón a pesar del paso del tiempo. Porque hay dolores de vida que dolerán siempre, y vidas que duelen en un papel arrugado.
Es ese dolor que no se va, que parece ido y desaparecido, pero está ahí a expensas de salir cuando menos te das cuenta.

Quiero menos sabores amargos y una canción en el oído a voz baja, susurrando palabras de vida, desesperanza, desilusión. Quiero que me mires y... Joder, qué mala envidia le tienen mis labios a tu taza de café.

sábado, 4 de mayo de 2013

Perder nunca se nos dará bien.

A sus ochenta y tantos años ella tenía la experiencia suficiente de lo que era la vida y todas esas líneas que cruzaban su rostro contaban la historia de quién era. A pesar de ello, había un dolor que nunca nadie ha sabido superar, y ella no era precisamente distinta a los demás.
Hacían cuatro de años que había dejado de vivir. Hacían sólo cuatro años que había perdido su vida o, mejor dicho, hacían sólo cuatro años que se le había escapado de las manos aquello que tantos años le daba ganas de vivir. Era esa clase de experiencia que nadie, nunca jamás, ha sabido llevar adelante. Absolutamente nadie. Y nadie tampoco sabe lo que es perder a una persona tan importante. Por mucho que digamos «Sí, es muy duro perder la mitad, o quizás mucho más, de tu corazón» no sabemos lo que es verdaderamente pasar por algo así, porque cada persona lo siente de una forma diferente. Absolutamente nadie.
Habían sido tantos los años vividos junto a esa persona, tantos los momentos, tantos los recuerdos, tantas las lágrimas… tantos los besos que se habían robado en el lugar menos pensado, que es totalmente angustioso. Inimaginables las miradas perdidas, las encontradas, los abrazos piel contra piel, inimaginables los susurros en la calle Godoy Cruz a las tantas horas de la noche… ahora se había quedado en nada.
Ella misma caminaba y se le notaba en la mirada que no tenía nada. Absolutamente nada. Era solamente mirar su esencia, mirarle las facciones de su cara, y te dabas cuenta de que había algo, una perdición, que poco a poco le iba quitando la vida.
No puedo imaginar, ni tú, ni nadie que no sea ella, lo que es desvivir la vida así.
La vida.
Para ella hacían cuatro años que la vida se le había ido de sus brazos.


martes, 30 de abril de 2013

De costumbres quiero vivir mi vida.


Quiero acostumbrarme a tu mirada. Y a tus manías. Y a los domingos de películas. Y a viajar por el mundo recorriendo cada parte de tu piel. Quiero acostumbrarme a despertar a tu lado y a tus buenos días, a que me digas que no quieres levantarte, que quieres quedarte un rato más conmigo. Quiero acostumbrarme a todas tus mejores palabras, aunque suenen a esperpento. Sólo quiero acostumbrarme a no tener que bajarme del mundo porque sé que tú seguirás ahí, sosteniéndome. Quiero acostumbrarme a tus dedos, ocupando ese encaje perfecto entre los míos. A tus labios. Y a tu sonrisa.
Que la vida se nos vaya de las manos, que cometamos el peor de los errores, que sigamos, que nos levantemos, que nos miremos, que discutamos, que nos peleemos, que nos besemos. Todo, ocupando siempre la primera persona del plural. Que no importe nada más que tú y yo, porque tienes la costumbre de ir haciéndote cada vez más una necesidad necesaria.

viernes, 5 de abril de 2013

"Querida Amie"




Cogió los folios que le había pedido al doctor Milton y que había dejado en la mesa de al lado de su cama. Había poca luz, pero ella lo prefería así. Era de madrugada, Orlando dormía a pata suelta en su cama y podía escuchar sus ronquidos y alguna que otra palabra que soltaba soñando. Se oía también el teclado de las médicas y sus susurros.
No sabía cómo comenzar la carta. Siempre le había costado empezar a escribir.

Querida Amie:
Lo siento.

Arrugó el papel y comenzó a llorar.
Empezó a escribir en otro folio:

Supongo que me estarás odiando. Lo siento. Siento que tengas que pasar por esto. No te imaginas lo culpable que me siento, pero es peor cuando una se siente como una bomba para los demás. Como una bomba a la que le quedan pocos segundos, que está a punto de explotar. Ya sabes por qué.
No quería conocer a nadie más. Ya era suficiente que mis padres tuvieran que sufrir por mi culpa, por tener esta enfermedad que me va matando poco a poco. Era más que suficiente.
Has sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Has sido mi apoyo de cada día, la persona que me daba ganas de vivir lo poco que me queda de vida.
No te doy las gracias porque nunca sería suficiente.
Recuerdo aquella primera vez que nos cruzamos. Tú, que acababas de salir de la consulta del doctor Milton, y yo, que daba vueltas por este maldito hospital que se había convertido en mi hogar. Salías de la consulta llorando y nos chocamos. Te acababan de decir que ya no había vuelta atrás, que te quedarías ciega para siempre, a no ser que encontrases un donante de córnea. Recuerdo cómo a partir de entonces nos veíamos todos los días. Tú empezaste a venir a hacerme compañía. A partir de ahí, nuestras vidas cambiaron para siempre, y no sólo por el hecho de que te quedarías ciega y por mi cáncer, sino por aquél lazo invisible tan fuerte que nos unió.
Con tu compañía en el hospital cada día me hiciste ponerle más ganas a eso de llevar el día a día, hiciste que cada noche fuese un continuo “que amanezca ya, por favor, que amanezca ya…”, fuiste la razón más importante de querer despertarme al día siguiente. Eres eso y mucho más. Hasta el doctor Milton me lo decía: “Anna, sea lo que sea lo que te dé esas ganas de seguir luchando, no lo pierdas”. Por supuesto que nunca he querido perderte.
El pobre del doctor Milton siempre tuvo que aguantar a Orlando, mi compañero de habitación desde que entré en el hospital. Siempre andaba haciendo de las suyas, a pesar de sus setenta y pico años. Para nosotras Orlando era el mejor de todo el hospital. Cuántas risas nos hemos echado por su culpa. ¿Recuerdas esa vez que salió al pasillo  desnudo porque se había enterado de que había una médica nueva? “Estaba seguro de que si le enseñaba mis dotes, la enamoraba” le decía al doctor Milton cuando le traía devuelta a la habitación. “Si, sí. Estoy seguro de ello” le contestaba el doctor, ya acostumbrado a las locuras de Orlando.
Aunque no todo eran locuras. Cuando tenía que ser serio, lo era. Siempre que me veía decaída o llorando, se acercaba a mí y me decía “Pequeña, llora todo lo que quieras… sé que a veces uno tiene que soltar todo lo que lleva dentro” y me abrazaba. Nadie más conseguía darme tanto cariño como él.
Orlando era como un abuelo más.
También recuerdo cuando se enamoró de la señora Josefa de la habitación vecina. Era todo un Don Juan. Todas las mañanas iba hacia allí y le decía “¡Buenos días, princesa!” como en la película; o como aquella vez que no había regresado a la habitación y le encontramos en la habitación de ella durmiendo abrazados, a pesar de que el doctor Milton le había prohibido que lo hiciera.

Paró de escribir un momento y miró hacia la mesa de donde había cogido las hojas y el bolígrafo. Vio el ramo de rosas que había en un jarrón y se dio cuenta de que empezaba a marchitarse.

Recuerdo que en San Valentín vino con dos ramos de rosas para nosotras dos. A saber dónde y cómo los había comprado, porque no se nos permitía salir del hospital. Ese día vino con los ramos y nos dijo: “He aquí los ramos de rosas más grandes para las dos princesas de éste, mi castillo” con una sonrisa que iluminaba todas las habitaciones del hospital.
Cuántos buenos momentos hemos pasado juntas…

Esta vez paró de escribir porque una lágrima había manchado sus palabras.

Quiero pedirte que no me odies por lo que he hecho, en todo momento he pensado en ti.
Estoy enamorada de ti. Irremediablemente enamorada de ti. Y has sido mis ganas de seguir luchando cada día. Por ti. Para ti.
A veces la felicidad la conoces mucho antes de lo que esperas…
Gracias Amie, de verdad, por regalarme esta vida. No encuentro las palabras adecuadas para decirte lo que siento.
Antes de irme de este mundo obligada, quise dejarte algo que formase parte de las dos. Sé que estarás leyendo esta carta después de haberte operado del trasplante de córnea. Es mi forma de agradecerte todo lo que has hecho por mí y que nadie más pudo hacerlo. Ahora formo parte de ti. Ahora soy yo la que te enseña el mundo a través de mi mirada.
Cada vez que venías desanimada después de que el doctor Milton te dijera que no habían encontrado ningún trasplante, se me rompía el alma. No podía verte tan mal. Siempre me preguntabas que por qué suspiraba y yo te contestaba: “¿Sabes ese suspiro que necesitas sacar fuera cuando sientes que todo revienta por dentro? Pues es algo así”.
Tengo que decirte otra cosa: no me busques. No me busques, por favor. Las despedidas nunca se me dieron bien, y menos así. Quiero que sigas viviendo como siempre lo has hecho y que sonrías.
Cuando pasas una puerta que se cierra con llave por dentro y no puedes abrirla, tienes que seguir el camino que te lleva por esa puerta, no te quedan más opciones. Y yo necesito cerrar esta puerta con llave y candado y destruir la llave si hace falta. Lo último que quiero es que sufras por mi muerte, por eso he decidido irme de este hospital y desaparecer.
Recuerda que siempre, léeme bien, SIEMPRE estaré contigo.
Estoy en ti.
Anna.

jueves, 28 de marzo de 2013

La historia de mi vida


Mi papel en mi historia es dejar un espacio en la primera línea de cada párrafo y espacios considerables en los extremos de cada hoja. Teniendo buena caligrafía y escribir como he ido aprendiendo con el paso de los años. Aprendiendo de cada error gramatical cometido y de cada error que cometeré a lo largo de mi historia. Asimilando los cambios, y con un poco de música de fondo y café para llevar un poco mejor eso de vivir algo corto e intenso, para poder recordarlo en cada palabra, hasta el punto y seguido y en cada párrafo, hasta el final y el principio de cada capítulo.
Y no es cuestión de pasar página, ni de dejar alguna en blanco, ni mucho menos es cuestión de cambiar de libro y empezar otro nuevo. Es cuestión de asimilar la historia tal y como fue, tal y como es y tal y como será. Además, ¿de dónde se puede sacar otro libro? Si sólo nacemos con uno bajo el brazo y somos nosotros los que compramos el  bolígrafo, aprendemos a usarlo y decidimos cómo empezar a escribir nuestra historia.
Yo decidí empezarla desde el principio y no me arrepiento de ninguna palabra escrita. Sobre todo si algún día apareces tú de repente, al principio de una oración para no acabar nunca en cada capítulo.

miércoles, 20 de marzo de 2013

El mayor perdedor







Perdedor. Llevas las de perder incluso antes de intentarlo. Lo sabes porque son tantas las veces que fallaste, que ya crees que es algo rutinario, de todos los días.
No entiendes cómo no te sientes harto de ilusiones perdidas, de expectativas tiradas por el suelo, del puto miedo al fracaso, de todo lo que no consigues. Supones que es la costumbre de llevar siempre una sonrisa, mientras que en tu interior miras hacia el cielo y tragas sintiendo un nudo en la garganta. Sientes cómo te queman los ojos, pero te aguantas y levantas la cabeza mostrando tu mejor sonrisa a los demás.
Porque es la rutina de sentirte el mayor perdedor de la historia de tus días.

sábado, 16 de marzo de 2013

El ignorante inquieto





– ¿Sabes? Sé cómo son las personas por sus gustos.
– ¿En serio? ¿Y cómo lo haces?
– Me suelo fijar en el "por qué", en sus razones.
– No entiendo...
– Mira, por ejemplo: tú... ¿Nunca te has preguntado por qué te gusta tanto viajar?
– Supongo... que porque me gustan otros lugares.
– Puede ser, pero desde otros puntos de vista se puede ver de otra manera. Viajas porque no encuentras tu sitio. Sin darte cuenta, buscas tu propio lugar, tu esencia. No te sientes de aquí, no te sientes de ninguna parte. Hace tiempo que te sientes de otro lugar, necesitas encontrar ese lugar para encontrarte a ti mismo. Yo lo llamo "el ignorante inquieto".
– ¿Por qué?
– Buscas algo, sin darte cuenta de lo que buscas.

domingo, 3 de marzo de 2013

No quieras entenderme...




Te quedas pensando y te encuentras perdido,
intentando escapar.
No sabes lo que quieres, ni quien eres,
no te sientes como uno más.
Sólo ves esa oscuridad y el dolor que la intenta llenar.
Sólo sientes tus gritos ahogados que no salen al exterior,
Lágrimas vacías, llenas de dolor.
Eres el completo desconocido que no quieres conocer
vas con cuidado y no haces más que caer.

Soledad que acompaña, gritos en silencio, 
días nublados y un completo estúpido incapaz de ver.

viernes, 1 de marzo de 2013

Suspiros



Según he leído por ahí, “un suspiro es el aire que te sobra por la persona que te falta”. Yo no sé si será verdad, pero esto de no verle me está costando muchos suspiros, hasta el punto de no poder canjearlos por el oxígeno que me falta. Es inaguantable.
Los copos de nieve caían sin rumbo fijo. Todos caían en un lugar común. El suelo ya estaba bañado en el color de los jazmines, sus flores favoritas. Sentí uno en mi rostro. No tenía rumbo fijo, caminaba por caminar. Fuese el lugar que fuese, sabía que cualquier camino que tomase me llevaría hacia su casa. Tonto de mí, para qué habría salido aquella noche tan fría que hasta al aliento congelaba. Tonto de mí, al tomar el camino hacia su casa.
Sentí mi bolsillo vibrar. Cogí el móvil y en la pantalla se reflejaba su nombre. “Te echo de menos.” decía el mensaje.
Asómate al balcón.” le respondí.


sábado, 12 de enero de 2013

Roto y sin garantía


Con un poco de tinta en el corazón, atrapado en una constelación diferente a todas las demás, esperando aquella parte de mí que forme parte de alguien más. Quiero observarte andar, mirar cómo la brisa te persigue a cada paso que das.
Me siento perdido, prendido de una mirada que nunca más me mirará. Sé que está ahí, lo percibo, lo siento aunque no pueda verlo. Sé que aun estando ahí, no lo puedo evitar. Echas en falta que el universo se detenga a tu alrededor, que se detenga por culpa de alguien en sólo un instante. Que el mutuo vínculo que nos una sea nuestra mayor debilidad, nuestra mayor de todas las fuerzas.
Pero, como algunos héroes, me encuentro en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Latiendo cuanto puedo, siguiendo como puedo.



Pásate por aquí, hay un mundo que te está esperando.

miércoles, 9 de enero de 2013

Por el gran valor equivocado que tú les das a los demás.


–Estoy tan cansado de que me decepcionen...
–Es que le das demasiada importancia a quien no se la merece.
Y tenía razón. Sus palabras se clavaron en mi alma como millones de alfileres a toda velocidad. Es ahí cuando te das cuenta, y te frustras, porque sabes que tiene razón pero no te sientes capaz de hacer nada por cambiarlo. No te sientes capaz de ser un hijo de puta con los demás, sabiendo que así te ahorrarías tantas decepciones.
Piensas en todos esos momentos que malgastaste preocupándote por una persona que ahora ni se acuerda de ti, piensas en la cara de idiota que se te queda, en la cara de idiota que todos te ven. Porque eres un estúpido y por eso te tratan como tal, porque saben que eres el buenazo que se deja pisotear.
Te duele y no haces nada. Sigues cayendo día tras día en la misma trampa. Te tiran la misma piedra de siempre y sigues ahí. Lo que consigues es quererte cada vez menos, aún menos, por el gran valor equivocado que tú les das a los demás.
"Es que le das demasiada importancia a quien no se la merece...".