miércoles, 11 de julio de 2012

Declaración de amor


No sé cómo comenzar. En realidad no sé qué mierda hago tratando de escribirte esto aún a sabiendas de que ya te lo imaginas. Supongo que para poder hacernos un poco más de daño, un poco más del ya causado. Trato de decirte que ya no me importa nada, que le pueden dar por el culo al resto del mundo, que llevo bastantes momentos sintiendo que quiero compartir tu mismo cielo y no me cansaré de sentir siempre un poco más cada día. Que yo quiero decirte mucho entre estas palabras, pero siempre se me queda en poco, en nada. Las estrellas todas las noches me hablan de ti, de que sonríes al escuchar su voz, de que vives sonriendo por su culpa, mientras yo sólo sonrío cuando me dedicas una mísera palabra, una mísera letra. Y tu sonrisa… tu sonrisa. Esa que vive en mí a todas horas, en cada milésima de segundo. Esa que… antes iba dedicada a mí y que yo no supe apreciarla, ni siquiera contemplarla como se lo merecía. Ahora sólo puedo quejarme de lo tonto que fui desde el principio de todo, quejarme de lo tonto que soy ahora y dudar si estoy haciendo bien al escribirte esto, dudar si sigo siendo el mismo tonto que al principio. Que eres como esa melodía que se hunde en mí, en este vulnerable corazón, esa que inunda todo mi ser, como esa melodía de violín abrazada a otra melodía de piano que no hacen más que entrelazarse en cada nota, en cada clave de fa y en cada clave de sol. No sé qué es lo que estoy diciéndote, ni si quiera sé qué mierda es lo que acabo de escribir, ni siquiera sé qué sigo sintiendo. Supongo que estarás harta de todo, de mí, de todo lo que te digo, de todo lo que te dije, que estarás harta de creer que siempre lo haces todo al contrario de cómo te sientes. Tranquila, te entiendo. Te entiendo perfectamente. Que ya sé de sobra eso de que no creer en los “para siempre” no nos deja disfrutar del presente. Que maldigo todo eso que me impide poder decirte a base de susurros esas dos palabras que cuestan a tantas personas pronunciar, esas que valen más cuando se demuestran, pero siempre se necesitan decir, para intentar demostrarlo en ese mismo instante que se dicen, para poder sacar todo eso que no se puede encerrar dentro porque te quema de alegría. Que yo no estoy acostumbrado a las euforias, pero tú… tú siempre te empeñas en provocarme un colocón de esas pastillas. Miles de veces mi cuerpo te ha ansiado con todas sus fuerzas todas las noches. Que mi almohada ya no soporta esos apretones que le doy pensando en ti, como si te estuviera abrazando en ese mismo momento. Que si me dijeras que vaya a tu lado, yo iba como un kamikaze, sin pensarlo si quiera. Supongo que esto es una declaración de amor insignificante. Supongo… que estarás tan cansada como yo de… de leer nada más que tonterías.