sábado, 19 de mayo de 2012

Sólo te quiero a ti


Dicen que cuanto más te ilusionas, más grande será la decepción después. Que sin tristeza no puede haber felicidad. Eso lo sabemos todos, y sobre todo ella. Se había acostado a dormir hacían por lo menos unas dos horas, pero no paraba de dar vueltas en la cama. Fuera hacía una brisa fresca que acariciaba su cuerpo entrando por la ventana, haciendo bailar las cortinas blancas. Siempre dormía con un postigo de la ventana abierto en verano. Esa noche no podía dormir pensando en él, en las ilusiones que se había hecho por él, por su culpa, por hacerle sentirse tan feliz, y en la gran decepción que se llevó cuando le vio abrazándose con otra chica. Estaba muy triste, se encontraba muy mal. Lágrimas empezaron a caer desde sus ojos hasta mojar su almohada. Pensaba que llorar por él no serviría de nada, que no merecía la pena. Pero sin embargo no pudo contener sus lágrimas. La habitación no estaba a oscuras, la luz de la calle entraba por su ventana y eso le hacía sentirse más desprotegida de lo que se sentía, cogió las sábanas desde sus pies y se tapó entera, intentando esconderse de toda realidad, intentando esconder tanta tristeza.
De repente, un golpe no muy fuerte sonó en el cristal de la ventana. Se destapó y lentamente se acercó a la ventana. La brisa hacía que su camisón blanco liviano bailase al mismo ritmo que las cortinas. Cuando se asomó por la ventana le vio a él, vestido en pijama y faltándole el aire. No supo cómo reaccionar, si sonreír o secarse las lágrimas. Le observaba seria y triste.
– Yo sólo te quiero a ti –dijo él, desde el jardín de su casa.