sábado, 19 de marzo de 2011

Libro: Marina de Carlos Ruiz Zafón. Recomendado.


– Te he echado de menos –dijo.
– Yo también.
Nuestras palabras se quedaron suspendidas en el aire. Durante un largo instante nos miramos en silencio. Vi cómo la fachada de Marina se iba desmoronando.
 – Tienes derecho a odiarme –dijo entonces.
– ¿Odiarte? ¿Por qué iba a odiarte?
– Te mentí -dijo Marina –. Cuando viniste a devolver el reloj a Germán, ya sabía que estaba enferma. Fui egoísta, quise tener un amigo... y creo que nos perdimos por el camino.
Desvié la mirada a la ventana.
– No, no te odio.
Me apretó la mano de nuevo. Marina se incorporó y me abrazó.
– Gracias por ser el mejor amigo que nunca he tenido –susurró a mi oído.
Sentí que se me recortaba la respiración. Quise salir corriendo de allí. Marina me apretó con fuerza y recé pidiendo que no se diese cuenta de que estaba llorando. El doctor Rojas me iba a quitar el carnet.
– Si me odias solo un poco, el doctor Rojas no se molestará –dijo entonces–. Seguro que va bien para los glóbulos blancos o algo así.
– Entonces sólo un poco.
– Gracias.

lunes, 7 de marzo de 2011

Algo difícil.


Algo difícil no es sonreír cuando estas feliz, algo difícil es sonreír mientras lloras por dentro, mientras algo te quema y te destruye el interior quitándote las ganas de todo, de no saber que hacer para seguir adelante, seguir haciendo como que no pasa nada. Algo difícil es conseguir, no olvidar, sino recordar con una sonrisa aquellos momentos que pasamos juntos.

domingo, 6 de marzo de 2011

Despierto o dormido...

Y que mas da dormir o estar despierto,
si cuando estoy despierto solo puedo pensar en ti
y solo duermo para soñar contigo...

martes, 1 de marzo de 2011

Memorias de Idhun

     Él se dejó caer junto a ella, temblando. La atrajo hacia sí y le cogió el rostro con las manos. La miró en la penumbra. Victoria rogó por que no notara que tenía los ojos húmedos. Pero él estaba demasiado alterado como para darse cuenta. Sus ojos relucían de manera extraña en la oscuridad, como alimentados por un poderoso fuego interior.
     -Jack, ¿qué te pasa? –susurró ella, un poco asustada.
     El muchacho no dijo nada, pero la besó de pronto, intensamente. Victoria se quedó sin aliento. Había algo en su actitud que le daba miedo.
Jack la abrazó con fuerza y enredó sus dedos con el cabello castaño de su amiga.
     -No puedo, Victoria –le dijo al oído con voz ronca-. No la quiero a ella, ¿entiendes? Es a ti a quien quiero. Solo a ti.
     Victoria jadeó, emocionada, sintiendo cómo el amor que sentía por él estallaba en su interior inundando todo su ser. Quiso pronunciar su nombre, pero no le salieron las palabras.
     Jack la besó de nuevo, con urgencia, con pasión. Victoria cerró los ojos y se dejó llevar, comprendiendo que aquella noche y en aquel momento sería capaz de rendirse a él. Porque daba la sensación de que era eso lo que él quería. De modo que dejó que la besara, que bebiera de ella; se estremeció cuando el chico se tumbó sobre las mantas y se echó sobre ella, pero no lo alejó de sí.
     Sin embargo, Jack se limitó a apoyar la cabeza en su pecho y a rodearle la cintura con los brazos, temblando. Y se quedó así, en esa posición, como si hubiese encontrado un lugar para el reposo después de un día agotador.
     -Te quiero –susurró.