miércoles, 8 de octubre de 2014

A-marte



Todos tenemos en la cabeza un inmenso mundo que descubrir, y yo ya he descubierto que mi mundo le pertenece.
Y no sólo mi mundo.
Todo el mundo piensa, pero yo... Yo le pienso. Y le respiro, y confieso que deseo respirar su dióxido de carbono cada día, a cada momento. Y no es que vaya de químico.
Voy de loco.
Por él.
Y tampoco se trata de ir por qué cosa. Se trata de las ganas de salir por esa puerta y no volver. A dejarle.
De coger las maletas llenas de besos y volar a-marte. Y que ardan. Que se quemen de kilómetros y kilómetros por milímetro andado. A cero coma cero de mis labios.
Y romper la barrera con abrazos partidos. De ganas.
Todo el mundo tiene. Pero no le tiene.

Porque le tengo yo.