lunes, 16 de marzo de 2015

Estaciones

Aun sin saber exactamente en qué momento pasa el tren de las estaciones del año, soy capaz de saberlo con sólo verle caminar. Es ahí, justo por el suelo que pisa, por donde aparecen las flores de la primavera, y la alergia de los demás no-enamorados. Es justo ahí, justo donde posa sus manos en la barandilla de las escaleras, donde las prisas traen el verano,
y el calor en el estrecho donde nuestros cuerpos se unen.
Como las hojas caídas del otoño, sus pestañas, pequeñas informadoras,
perdidas
vuelan con ganas de encontrarse entre las sábanas de una noche fría de invierno.
Ojalá pedirles el deseo de no doler tanto los kilómetros. Y soplar. Y aparecer volando entre nubes. Con alas. Las suyas. Y no ver más que el cielo del suelo de todos aquellos que nos envidian.
Pero cuidado.
Cualquier parecido con su mirada es mera coincidencia con el cielo que pisamos.