miércoles, 9 de julio de 2014

Prólogo (con vídeo)

Todo ocurrió después de sentirme completamente desalmado,
me sentí completamente desarmado.

Te lo juro, fue la noche más bonita que nadie nunca perdió en mí. Fue la noche más mágica en la que dormí encima de mis sábanas.
Fueron terribles mis ganas de ti.
Todo por la culpa de un mensaje de 264 palabras y 263 espacios que me llegó a las doce de la noche del cuatro de julio de dos mil trece. Fue tu suerte la que me cambió completamente la vida ese día. Me cambió totalmente hasta la forma de vestir, hasta la forma de mirarme. Fue a partir de ahí desde cuando pude traerte el sol a tu mirada cada día y cualquier bobada para sacarte una mueca de sonrisita. Y lo mejor no es eso, lo mejor es que tú con una simple mirada me traes eso y mucho más.
Para bien o para mal, me cambiaste completamente la vida, Amor. Y ya no hay vuelta atrás, y mucho menos las ganas de que eso ocurra. 
Te quiero, te amo y te cuatro.

¿Sabes? Poco a poco se fue formando aquella pequeña semilla que todo el mundo llama amor. Pero entre nosotros hay una gran diferencia monumental, estelar. Entre nosotros fue creciendo poco a poco, más y más, un pequeño corazón celeste azul cielo, hasta llegar al tamaño de un año.
Un año lleno de cierre y abre de miradas encontradas y no perdidas. Guardadas en lo más profundo de mi ser. De mí.
Un año lleno de ti, y de mí contigo. De llamadas perdidas, de llamadas a escondidas. De llamadas a descubiertas. Un año de primeras veces, de respiraciones entrecortadas, de agujetas y de playa. Un año lleno de “quédate un poquito más” pasadas las doce, pasada la una y pasadas las dos. Lleno de cartas mensajeras de aquí para allá y de allá para aquí. 
Porque aquí,
muy clavado en mí,
te guardas muy dentro de mi corazón.

Amor, el mejor año de mi vida lo he pasado a tu lado. Y no cabe la menor duda de que pasaré muchos más.
Amor, sé que te mereces mucho más para escribirte, pero no dudo que te lo pagaré todo con más momentos a tu lado.

Te amo, mi niño bonito.