lunes, 23 de febrero de 2015

Ese instante infinito

Le he pillado mirándome. Y no es que hubiéramos pasado la noche juntos, dormimos en camas separadas.
Esta mañana me desperté de repente, y no por casualidad ni por ninguna causa. Fue un plás, sin más. Pero no es eso lo realmente especial.
No abro mis ojos totalmente, miro a través de mis pestañas para que no se dé cuenta de que le he pillado parado a unos 40 centímetros de mi cama. Y, de repente, sucede: el cielo se me cae encima mientras se produce una explosión de luz inmensa, se me tira encima dándome un beso y ese instante duró toda la eternidad. Flotábamos lejos del suelo y nos convertimos en un cielo lleno de explosiones de luz y color. No quiero que nadie me salve, no necesitamos paracaídas. Tenemos alas para volar.