domingo, 9 de noviembre de 2014

Epi(d)entro

Mira que me es fácil encontrarme... pero es que contigo no hago más que perderme.
En la curva de tus pestañas.

No hay brisa más fortalecedora que un suspiro de sus labios. Entre los míos.
Déjame contarte esa historia donde Romeo encontró a su Romeo y nunca ninguno murió por el otro. Déjame decirte que ese Romeo no era yo, porque yo sí me suicidé por el amor prohibido de sus lunares.
Nunca en el mundo habían faltado tantos besos bajo sábanas, y menos en los tiempos que corren. Tantos besos que le debo. Y me debe.
Encontré el norte en el polo sur de sus pies. El epicentro de la Tierra ya no es el mismo desde que sentí sus besos en mi ombligo. Ni siquiera el meridiano es lo que fue desde que miré la curva de su sonrisa. Ni la lluvia nocturna suena como su risa. Ni el mundo gira como antes desde que le sueño cada noche.

Bienvenidos a la historia de una estación de tren, una maleta y un beso. Cojan aire (que a mí me lo quitan sin preguntar) y siéntense.